Yoga Nidra y más...
Yoga-Nidra en Yoga en Red

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YOGA EN RED

Yoga Nidra: Un viaje de la piel al alma

Escriben Ana Sesma Nuez y Jordi Isern Salvat

Yoga Nidra es un viaje. Un viaje de ida y retorno, siempre diferente y enriquecedor. Un viaje a lo más profundo de uno mismo del que se regresa renovado. Buceara lo más profundo, a medida que uno va DESHACIÉNDOSE por el camino DE TODOS LOS ROPAJES. En este viaje, vamos transitando espacios quizás no vistos antes; vamos alumbrando espacios de penumbra en nuestra mente con la luz de la consciencia. Un viaje en el que la mano que nos guía nos da confianza, seguridad y también libertad.

Como la metáfora india: con Yoga Nidra vamos descubriendo, desde la distancia de la consciencia, nuestro CARRUAJE (el cuerpo físico), descubrimos el rostro del COCHERO (la mente), la potencia de nuestros CABALLOS (las emociones) y, transcendiéndolos, nos instalamos en la paz del SEÑOR que habita este coche (la consciencia misma).

Yoga Nidra es uno de los métodos más efectivos para llegar al SILENCIO INTERIOR ,a la CALMA mental. Para habitarse desde lo esencialmente interno. Es una invitación a dejarse llevar, a indagar en la propia psique, a desdramatizar.

El aspecto más destacado en una sesión de Yoga Nidra es que quien participa NO ha de HACER NADA, salvo TUMBARSE en la postura más cómoda posible (o permanecer sentado confortablemente en una silla), hacerse el propósito de no dormirse y dejarse portar por la voz que guía. Dejarse llevar como UN NIÑO QUE PASEA DE LA MANO DE ALGUIEN EN QUIEN CONFÍA.

Una vez tumbados, LA SESIÓN recorre una a una las diferentes envolturas del cuerpo. Se guía una relajación física inicial para suavizar las tensiones superficiales. Posteriormente, un recorrido mental por todo el cuerpo, en el cual, el participante va poniendo toda su atención en los lugares del cuerpo mencionados y toma consciencia de ellos -quizás por primera vez-. La mente se va calmando. Observamos también la respiración: nuestra propia melodía vital, nuestra compañera de vida. Y, al contemplarla, también se va relajando. El flujo energético se libera, el cuerpo se ha suavizado, la mente se recoge. Atendemos después a las sensaciones propuestas y pasamos a descubrir la sensación física que se halla detrás de una emoción. Vadeamos entre algunas de ellas. Y también se calman. Dejamos que nuestro subconsciente se haga presente, si es su voluntad, y lo observamos. Cuerpo, respiración, mente, emociones, están tranquilos. Aprendemos a observar nuestra pantalla psíquica, tomando consciencia de los propios procesos mentales. Con desapego.

En este sentido, el viaje requiere además de PACIENCIA, CONSTANCIA y VALENTÍA. Hay que atreverse a mirar hacia dentro, conscientes de que podemos descubrir nuestras propias sombras; y eso exige valentía y, sobre todo, grandes dosis de amabilidad con uno mismo. En el tránsito de Yoga Nidra, uno aprende también a quererse y a practicar el perdón con otros y, en especial, con uno mismo. Descubrimos así todos nuestros espacios, nuestros procesos y, sobre todo, ese lugar central que siempre está en calma, silencioso, acogedor. El lugar al que siempre podemos acudir para recogernos cálidamente en él. Y cada uno aprovecha este espacio de absoluta calma para acceder al subconsciente enviándole un mensaje de fuerza, de intención, de vida.


Como facilitador de Yoga Nidra, es llamativo y enriquecedor observar el EFECTO TRANSFORMADOR de la práctica.

El facilitador sabe que sólo hará de guía, sin llegar a participar nunca de la experiencia íntima; pero el cambio de expresión en los rostros y en los ojos de los practicantes al regresar a lo externo desde su propio viaje interior, suele ser indicativo de que los paisajes transitados, bellos o no -pues no siempre la meditación es un camino placentero-, lo fueron desde una PROFUNDA PAZ.

Ésta es la principal recompensa para el facilitador de Yoga Nidra.